CARTA DEL SANTO PADRE AL
ARZOBISPO DE FLORENCIA

CON MOTIVO DEL IV CENTENARIO
DE LA MUERTE DE
SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZI

      



Al Venerado Hermano
Señor Cardenal Ennio Antonelli
Arzobispo de Florencia
 

Con motivo del IV centenario de la muerte de santa María Magdalena de Pazzi, me alegra unirme a la estimada Iglesia florentina, en su deseo de recordar a ésta su hija ilustre, especialmente querida por ser una figura emblemática, con un amor vivo que lleva a la dimensión mística fundamental de toda vida cristiana. Mientras le saludo afectuosamente a Vd., Señor Cardenal, y a toda la Comunidad diocesana, doy gracias a Dios por el don de esta Santa, descubierta por cada generación como un ser singularmente cercano en su saber comunicar un ferviente amor por Cristo y por la Iglesia.

Nacida en Florencia el 2 de abril de 1566, fue bautizada en la fuente de  "bel San Giovanni" con el nombre de Caterina Ya desde niña, santa María Magdalena de Pazzi mostró una especial sensibilidad hacia lo sobrenatural y se sintió atraída por un diálogo íntimo con Dios. Siguiendo la costumbre de la época para las muchachas de familia noble, se confió su educación a las Cavalieresse di Malta, en cuyo monasterio recibió la primera comunión el 25 de marzo de 1576, y donde pocos días después se entregó para siempre al Señor con una promesa de virginidad. Regresó a su familia, donde profundizó en el camino de la oración con ayuda de los Padres Jesuitas, que solían visitar la casa. Hábilmente lograba no dejarse condicionar por las exigencias mundanas de un ambiente que, aun siendo cristiano, no bastaba para satisfacer su deseo de parecerse más a su Esposo crucificado. En este contexto maduró la decisión de dejar el mundo y entrar en el Carmelo de Santa María de los Ángeles, en Borgo san Frediano, donde el 30 de enero de 1583 recibió el hábito del Carmelo y el nombre de sor María Magdalena. En marzo de 1584, estando gravemente enferma, solicitó poder emitir su profesión antes de tiempo, y el 27 de mayo, fiesta de la Trinidad, fue llevada al coro en una cama, donde pronunció para siempre ante el Señor sus votos de castidad, pobreza y obediencia.

A partir de este momento comenzó un intenso periodo místico, que daría a la Santa su fama de gran estática. Cinco son los manuscritos con los que las Carmelitas de Santa María de los Ángeles han dejado constancia de las experiencias extraordinarias de su joven hermana. A "Los Cuarenta Días” del verano de 1584, siguen "Los Coloquios" de la primera mitad del año siguiente. La cumbre del conocimiento místico que Dios concedió de sí a sor María Magdalena se encuentra en "Revelaciones e Inteligencias", ocho días de prolífico éxtasis que van desde la vigilia de Pentecostés a la fiesta de la Trinidad del año 1585. Una intensa experiencia que, con sólo 19 años de edad, le permitió observar todo el misterio de la salvación, desde la encarnación del Verbo en el seno de María hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Siguieron cinco largos años de purificación interior (María Magdalena de Pazzi habla de ellos en el libro de la “Probación”) en los que el Verbo, su Esposo, le retiró el sentimiento de la gracia, dejándola como a Daniel en el foso de los leones: entre numerosas pruebas y grandes tentaciones. Es en este contexto donde entra en escena su ardiente compromiso por la renovación de la Iglesia, después de que en el verano de 1586 observase destellos de luz que desde lo alto venían a mostrarle el verdadero estado en que ella estaba en la época post-tridentina. Al igual que Caterina da Siena, se sintió "forzada" a escribir algunas cartas para solicitar, al Papa, a Cardenales de la Curia, a su Arzobispo, y a otras personalidades eclesiásticas, un compromiso decidido para la “Renovación de la Iglesia”, como dice el título del manuscrito que las contiene. Se trata de doce cartas dictadas en éxtasis, tal vez nunca enviadas, pero que permanecen como testimonio de su pasión por la Sponsa Verbi.

Con Pentecostés de 1590 finalizó la dura prueba. Esto le permitió dedicar toda su energía al servicio de la comunidad, especialmente a la formación de las novicias. Sor María Magdalena tuvo el don de vivir la comunión con Dios de una forma cada vez más interiorizada, hasta el punto de convertirse en una referencia para toda la comunidad, que aún hoy sigue considerándola “madre”. El amor purificado, que latía en su corazón, la abría al deseo de una plena conformidad con Cristo, su Esposo, hasta llegar a compartir con él el “sufrimiento desnudo” de la cruz. Los tres últimos años de su vida fueron para ella un verdadero calvario. La tisis comenzó a manifestarse claramente: Sor María Magdalena se vio obligada a retirarse poco a poco de la vida activa de la comunidad para sumergirse cada vez más en el “sufrimiento desnudo por el amor de Dios”. Se vió oprimida por  penalidades atroces a nivel físico y espiritual, que duraron hasta su muerte, sobrevenida el viernes 25 de mayo de 1607. Su vida se apagó hacia las tres de la tarde, mientras una alegría insólita invadía todo el monasterio.

No habían pasado veinte años desde su muerte, cuando ya el Pontífice florentino Urbano VIII la proclamaba beata. Fue posteriormente, el Papa Clemente IX, quien la inscribió en el Albo de los Santos, el 28 de abril de 1669. Su cuerpo, que ha permanecido incorrupto, es objeto de constantes peregrinaciones. El monasterio en que vivió la Santa es hoy sede del Seminario arzobispal de Florencia, que la venera como Patrona, y la celda en que murió se ha convertido en una capilla en cuyo silencio aún se percibe su presencia.

Santa María Magdalena de Pazzi continúa siendo una presencia espiritual de inspiración para las Carmelitas de la Antigua Observancia, que ven en ella a la “hermana” que ha recorrido todo el camino de la unión transformadora con Dios y que señala en María la “estrella” del camino hacia la perfección. Para todos, esta gran Santa tiene el don de ser maestra de espiritualidad, especialmente para los sacerdotes, hacia los que siempre alimentó una verdadera pasión.

Deseo de corazón que las presentes celebraciones jubilares de su muerte contribuyan a dar a conocer cada vez más esta figura de luz, manifestación para todos de la dignidad y belleza de la vocación cristiana. Del mismo modo en que se aferraba a las campanas mientras insistía a sus hermanas con el grito : "¡Venid y amad al Amor!", la gran Mística, desde Florencia, desde su Seminario, desde los monasterios carmelitas que se inspiran en ella, pueda hoy seguir haciendo sentir su voz en toda la Iglesia, difundiendo el anuncio del amor de Dios por toda criatura humana.

Con este deseo les confío, a Vd., Venerado Hermano, y a la Iglesia florentina, a la celestial protección de santa María Magdalena de Pazzi,  y de corazón les imparto a todos una especial Bendición Apostólica.

Desde el Vaticano, 29 de abril de 2007

Benedictus PP XVI