n. 1   enero - marzo 2006


Madre Maria Crocifissa Curcio beatificada en Roma

Madre Crocifissa Curcio, fundadora de las Hermanas Misioneras Carmelitas de Sta. Teresa del Niño Jesús, fue beatificada en la Basílica de S. Pedro de Roma el domingo, 13 de noviembre de 2005. Con ella fueron también beatificados Charles de Foucald, misionero francés en el Sahara, y Maria Pia Mastena, fundadora de las Religiosas de la Santa Faz.

De todas partes del mundo vinieron miembros de las Hermanas Misioneras Carmelitas para unirse a la celebración de su fundadora. En relación con la beatificación tuvieron lugar algunos acontecimientos. El 11 de noviembre el Obispo de Santa Marinella bendijo la nueva capilla dedicada a la Beata. En esta capilla el santo cuerpo está visible debajo del altar. El mismo obispo dirigió la vigilia de oración, en la iglesia Carmelita de Santa Maria en Traspontina, la noche anterior a la beatificación. En la tarde de la beatificación hubo un concierto musical, "Il Respiro del Cielo",en el Auditórium Conciliazione de Roma. El mes siguiente se celebraron tres misas de acción de gracias, presididas por el Prior General, el Cardenal Secretario de Estado del Vaticano y por el Cardenal Roger Etchegaray, respectivamente.

El Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, fue el principal celebrante en la eucaristía de la beatificación en la Basílica de S. Pedro. Entre los cientos de concelebrantes estuvieron el Prior General, P. Joseph Chalmers, miembros del Consejo General y Carmelitas de toda Italia, España y del Brasil.

Al final de la eucaristía el Papa Benedicto XVI entró en la Basílica. Después de venerar las reliquias y hablar brevemente sobre cada uno de los nuevos beatos, saludó a los postuladores de las causas y a los representantes de sus familias religiosas.

Hablando de Madre Crocifissa, el Papa dijo que " una auténtica pasión por las almas marcó la vida de Madre Maria Crocifissa, que dinámicamente animó una "reparación espiritual" para corresponder al amor de Jesús por nosotros. Su vida fue una continua oración aún cuando servía a las personas, especialmente pobres y chicas necesitadas."

El Papa después pidió que la nueva beata continúe velando por la Congregación y por todos sus seguidores.

Madre Crocifissa nació en Sicilia el 30 de enero de 1877, siendo su nombre Rosa Curcio. Era la séptima de 10 hermanos en un hogar que le proporcionó un sólido ambiente cultural y social. En 1888 leyó la Vida de Sta. Teresa de Jesús y descubrió su vocación carmelita. Dos años después entró en la Tercera Orden Carmelita de Ispica.

En 1924 se encontró por vez primera con el P. Lorenzo van den Eerenbeemt , que se convertiría en su más cercano colaborador. Cuando Madre Crocifissa vino a Roma para la canonización de Sta. Teresa del Niño Jesús, ella y el P. Lorenzo viajaron a Santa Marinella, ciudad de la costa occidental de Roma, para ver si podría hacer allí la fundación. La belleza de la zona impactó profundamente a Madre Crocifissa y llegó a ser el centro de la Congregación .

La Congregación para las Causas de los Santos concedió la Nulla Osta en enero de 1989, permitiendo que comenzara el proceso para la canonización de Madre Crocifissa. El proceso diocesano comenzó al mes siguiente. En 1991 se le atribuyó a la Sierva de Dios un presunto milagro. Después de aceptar el milagro, se leyó el decreto el 20 de diciembre de 2004, en la presencia del Papa Juan Pablo II.

La fecha inicial para la beatificación de Madre Crocifissa fue el 24 de abril de 2005. La muerte de Juan Pablo II, el 2 de abril, hizo que todas las ceremonias programadas fueran canceladas. Después de la elección del Papa Benedicto XVI, el Secretario de Estado del Vaticano anunció la nueva fecha de noviembre para la beatificación.


¿Qué habéis venido a ver?

A principios de enero de 2006 comenzaron los primeros peregrinos a visitar la tumba de la Beata Maria Crocifissa. Llegan personas de todas las edades y ambientes.

Hay personas con las que te encuentras habitualmente en la calle cuando vas a la parroquia. Hay personas que aparcan enfrente de la capilla cuando llevan a sus hijos a la escuela . Hay otras personas que pasan por tu lado sin que conozcas sus nombres. Otras vienen en autobús. Otras vienen a venerar el cuerpo de la Madre y a pedirle algún favor. Hay grupos de seminaristas jóvenes, sacerdotes y niños de la escuela que pasan por ahí para verse con los amigos. Y las páginas del libro de visitantes está llenas de nombres, peticiones de ayuda, de protección y de esperanza.

Al comparar esta diversa colección de humanidad en la búsqueda del significado, de seguridad, de un punto de referencia y de amor, con frecuencia me pregunto: "¿qué hay escondido en estos corazones cansados y oprimidos? ¿Qué más podría haber de lo que vemos?

Comprendiendo que no se puede dejar sola a Madre Crocifissa para responder, nosotras somos llamadas también a escuchar, a acoger, a ser un hogar y cuna de estos hombres y mujeres que tienen necesidad de una madre, de vida, de valores, de una respuesta que no es momentánea, de algo que no se disuelve ni desaparece en un momento. Nosotras somos hoy la voz, las manos, los ojos, el corazón con el que la Madre continúa amando, consolando, curando las heridas, dando esperanza y restableciendo la dignidad.

Así su capilla fue ampliada y ha venido a ser el corazón del mundo: desde aquí la Beata Maria Crocifissa continúa "volando dentro de todos los tabernáculos", entrando en cada casa, visitando a los pobres, a los últimos, a los empobrecidos, a los excluídos y continúa trayendo las semillas de su oración capaz de hacer fértil la tierra seca, hablar por los labios mudos, darle un sentido a vidas vacías, levantar vidas deshechas y hacer brillar de nuevo dignidades perdidas.

Este es el secreto, la misteriosa energía y aún simplicidad de fe, de un abandono, de la vuelta llena de inocencia, a pesar de todo, a los brazos de una Madre capaz de tomarnos de nuevo y traernos siempre al corazón de Dios.


Y ahora, ¿qué nos queda a nosotras?

A poco más de dos meses de la solemne beatificación de Madre Maria Crocifissa Curcio, su familia religiosa se pregunta a sí misma: y ahora, ¿qué nos queda a nosotras? ¿Qué nos ha quedado de todas esas celebraciones?

Fue un año de intensa preparación, de trabajo agotador, de espera y esperanza. Pero ¿qué cambio real ha producido en nosotras? ¿Somos de alguna manera diferentes? Sobre todo, ¿qué querría la Madre decirnos hoy a nosotras? Ella que quería mujeres de la Eucaristía, mujeres de oración, santas, hermanas con una gran fe, capaces de perdonar y ser reconciliadoras, siempre con las lámparas encendidas, esperando y dispuestas a morir y volver a empezar siguiendo la voluntad de Dios y ser colaboradoras de sus proyectos.

Espontáneamente nos preguntamos a nosotras mismas si su beatificación es también la nuestra, o, mejor, si es verdad que nuestra fundadora puede estar feliz, beatificada por nosotras porque estamos cuidando la herencia que nos dejó del mejor modo posible.

Es claro que estas preguntas son sólo un pretexto para provocarnos a nosotras mismas, ya que ella, desde su puesto en el cielo, conoce bien nuestra debilidad, nuestras incoherencias, nuestra falta de fe, nuestras traiciones, nuestras instalaciones que con demasiada frecuencia hacen que nuestros días sean tristes y mediocres. Nunca terminamos. Nunca hacemos lo que nos propusimos.

Por ello es importante recordar, volver sobre su doctrina, escuchar su santidad, asimilar su lección de modo que "la ansiedad, la turbulencia de vida no altere la vida interior, la vida sobrenatural, que parecen ser dos cosas separadas pero, como Marta y María, trabajan juntas en paz."

Marta y María: necesitamos reconciliar esta dos hermanas dentro de nosotras, redescubriendo su unidad en lo profundo de nosotras mismas como mujeres consagradas, volviendo a la paz y sentido de nuestra misión. Nosotras, todas nosotras, también necesitamos volver a elegir la mejor parte, que no nos será quitada. Necesitamos abandonar cierta lógica mundana que se introduce sutilmente en nuestra realidad, poniendo en peligro nuestra existencia, reestablecer las prioridades y volver a comenzar nuestra andadura siguiendo otro camino, con la conciencia y deseo de volver a Jerusalén, sabiendo que allí no es necesario morir a lo viejo, a nuestros propios intereses, a las vidas confortables que nos hemos construido para nosotras mismas, volar alto hacia amplios horizontes que ella continúa esperando para nosotras.

A la luz de la gracia de la beatificación, que fue realmente una visita extraordinaria de Dios, no sólo la Congregación sino toda la Familia Carmelita y la Iglesia, estamos convencidos de que hoy el Carmelo debe prosperar, sobre todo, dentro de nosotros mismos y en nuestras comunidades. Oremos a la Beata Maria Crocifissa ya que, ahora más que nunca, tenemos necesidad de su presencia, que por la luz de su lámpara, por el aceite de su fe, por la fuerza de su intrépida y ardiente pasión que nos atrevamos a enfrentarnos con el reto de su santa Palabra.

Sr. Gloria Conti
Vice Postuladora


Familiar Carmelita de Lorenzo van den Eerenbeemt en Roma para la Beatifiación

Theresia van den Eerenbeemt viajó desde Holanda a Roma para la beatificación de M. Crocifissa Curcio. Una prima del P. Lorenzo van den Eerenbeemt, el colaborador más cercano de la Madre Crocifissa, es miembro de la Provincia Holandesa y ahora vive en el monasterio carmelita de Boxmeer, Holanda. Ella se encontró con el P. Lorenzo, primo de su abuelo, una vez cuando la familia vino a Roma para el Año Santo de 1954.

El padre del P. Lorenzo era holandés y se casó con una mujer italiana. La familia vivió en Italia.

"No me sorprende que Lorenzo quisiese fundar un grupo misionero. La idea de ser misionero era muy común en mi familia", dijo Theresia en su segunda visita a Roma, 50 años después.

De hecho cuatro de sus tíos y dos de su tías fueron religiosos. Dos ejercieron su ministerio en China, siendo encarcelados durante un tiempo antes de volver a Holanda. Uno trabajó y murió en Guatemala después de finalizar sus estudios en Roma. Uno trabajó en Indonesia antes de volver a Holanda poco antes de su muerte.

"Para mí era algo muy normal. Eso es lo que significa ser misionero", dijo Theresia. "No era nada especial."

Un domingo la familia hizo el breve recorrido de Roma a Santa Marinella donde Madre Crocifissa había establecido su congregación.

" Nos lo enseñaron todo. Tenían una escuela para los niños pobres. Nos explicaron los proyectos que intentaban realizar. Madre Crocifissa me preguntó si yo quería ingresar con ellas."

"Tanto el P. Lorenzo como Madre Crocifissa eran bajos mientras que todos los demás en mi familia éramos altos. Lorenzo y Madre Crocifissa hablaban italiano entre ellos. Lorenzo nos hubiera hablado en holandés, pero sólo habló brevemente con mi padre."

Visitar una casa religiosa era algo normal para los 20 años de Theresia. Su padre era contable y tenía varias comunidades religiosas como clientes de modo que ella, con frecuencia, viajaba con él a algunos de aquellos monasterios.

Algunos años después Lorenzo mandó a Theresia una foto de Bernadette de Soubirous.

En septiembre de 2003, en un viaje en un crucero, Theresia volvió a Santa Marinella cuando el barco atracó cerca de allí. De nuevo las hermanas le mostraron los diversos edificios incluida la parroquia y la calle con el nombre del P. Lorenzo. También tuvo la oportunidad de visitar su tumba en el cementerio. Además, las hermanas le mostraron, su colección de fotos del P. Lorenzo y Madre Crocifissa. Theresia pudo también encontrarse y hablar con hermanas ancianas que recordaban al P. Lorenzo y su ayuda espiritual.

"Ellas me hablaron muy amablemente de él", recuerda Theresia.

Fue invitada a cenar con la comunidad. "Tuvimos un helado especial. El P. Falco (antiguo Prior General) me dijo después que el helado se trae sólo en las ocasiones especiales. Me sentí muy honrada."


Para más información sobre Madre Crocifissa Curcio y la beatificación ir a: www.madrecrocifissa.org/



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