n. 3   julio - septiembre 2005


Quisiéramos recordar brevemente una festividad del Carmen muy especial que tuvo lugar el 16 de julio de 1942, hace ya más de 60 años. El mundo estaba en plena guerra, una confrontación como no se había visto hasta entonces, con unos medios de destrucción terribles, con persecuciones en masa y con el genocidio de enteras poblaciones. En enero los jerifaltes nazis se habían reunido en Wannsee -un barrio de Berlín- y habían decidido el exterminio de los judíos de Europa. A principios de julio caía Sebastopol en manos alemanas. El horror parecía haberse adueñado de la tierra y especialmente del viejo continente.

El 16 de julio de 1942 comenzaba la deportación en masa de judíos franceses que fueron recluidos (amontonados) en el tristemente famoso vel d’Hiv (el velódromo de invierno de París). Desconcertados, temerosos y humillados, con un calor asfixiante, 13.000 judíos esperaban su propia "solución final" (usando la expresión del Reich para el "problema judío"). Se cuenta que algunos obreros de la fábrica de la Citroen les arrojaban sus bocadillos. Hasta en la depravación humana más horrorosa se encuentran hermosos gestos de solidaridad. Desde allí serían deportados a los campos de exterminio del Este de Europa en los "trenes de la muerte", en los que muchos de ellos dejarían su vida.

También el 16 de julio de 1942, en el campo de concentración de Dachau, en el sur de Alemania, se encontraba el P. Tito Brandsma, carmelita holandés que había sido detenido seis meses antes por oponerse al gobierno de ocupación en Holanda. Este gobierno títere obligaba a todos los periódicos (incluidos los católicos) a publicar consignas nacional socialistas (muchas de ellas racistas y antisemitas). El P. Tito era el Asistente Eclesiástico para la Prensa Católica, es decir, el representante de la Jerarquía holandesa ante estos periódicos. El Cardenal De Jong (y, en términos generales, los obispos holandeses) se mostró públicamente contrario al gobierno de ocupación y a la política nazi y por ello consideró que la prensa católica no podía publicar esas consignas. Pero fue al P. Tito, a aquél fraile carmelita con aficiones literarias, al que le tocó tratar con los directores que, a su vez, se sentían terriblemente presionados para que publicasen aquellos mensajes.

También en el campo de la enseñanza el P. Tito se había mostrado contrario a someterse a las normas dictatoriales del gobierno de ocupación tendentes a anular la enseñanza religiosa (limitación del sueldo de los religiosos que trabajaban en la docencia, imposibilidad de ocupar ciertos cargos, etc), así como a expulsar a los niños de origen judío de las escuelas católicas. El P. Tito se negó sistemáticamente a cumplir estas normas y en los dos colegios carmelitas de Oss y Oldenzaal (fundados por él mismo) siguieron estudiando los niños de origen judío hasta la gran deportación de enero de 1942.

Incluso como intelectual y profesor universitario Tito Brandsma consideraba esta nueva ideología como una especie de "neopaganismo", que presentaba una concepción del hombre bien distinta de la del cristianismo y que llevaba irremisiblemente a una deshumanización del estado, de la sociedad y, en último término, a una guerra inevitable. De hecho colaboró en una protesta de varios profesores e intelectuales holandeses titulada Voces de Holanda contra el trato dado a los judíos en Alemania, lo que le supuso una dura crítica desde algunos rotativos alemanes.

Todo esto provocó que fuera detenido en enero de 1942 y que, tras pasar por diversas cárceles y campos, terminara a primeros de julio en Dachau, en el primer campo creado por el nacional socialismo en 1933. En el mismo campo estaban internados unos carmelitas polacos, detenidos por haber predicado en su propia lengua (algo que estaba prohibido por el gobierno de ocupación tras la invasión de Polonia). Alguno había fallecido ya en el camino hacia Dachau. Entre ellos se encontraba el P. Albert Urbanski, que sobreviviría al campo y que más tarde sería provincial de los carmelitas polacos y el autor de uno de los primeros libros sobre la experiencia de Dachau, libro que curiosamente sería prohibido por las autoridades comunistas porque hablaba mucho de Iglesia y de libertad. También estaba el superior del convento de Cracovia, el P. Hilario Januszewski. Este aún joven carmelita había estudiado en Roma, en el Colegio Internacional de San Alberto (igual que el P. Tito) y ahora era el superior del Santuario de Nuestra Señora de las Arenas en el centro de Cracovia. Había sido detenido al presentarse a sí mismo como responsable (por ser superior) de la predicación en polaco de un hermano carmelita al que iban a detener.

Ahora estaban todos allí, en aquel horrible campo, hacinados en enormes barracones y rodados por todas partes de muerte y de violencia. El 16 de julio el P. Tito, violando las estrictas normas del campo, se acercó antes del toque de diana y saludó efusivamente a los carmelitas polacos. Aunque la vida en el campo seguía exactamente igual, aquél era un día grande para aquellos prisioneros, el día de la Virgen del Carmen. Cuántos recuerdos y emociones pasarían por la mente y por el corazón de aquellos hombres que habían cambiado el hábito de religiosos por unos estrafalarios pijamas rallados y por unos zuecos. Aquellos hombres humillados, destrozados, reducidos a la mínima expresión de lo humano, recordaban la festividad de la Virgen del Carmen que les evocaría tantas cosas y tan distintas a lo que estaban viviendo.

Incluso en los días de la "novena" el P. Tito (tozudo, irreductible, siempre esperanzado) fue preparando espiritualmente a un sacerdote diocesano polaco -Tadeo Zielinsky- para recibir la profesión en la Orden Tercera. La "profesión" (reducida a su mínima expresión litúrgica) tuvo lugar aquel día del Carmen, aunque Tito le insistió al nuevo "terciario" que para cuando estuvieran todos uera, sería bueno repetir la ceremonia de forma algo más solemne y pública.

Sin embargo, el P. Tito no estaría nunca fuera, porque diez días más tarde moriría a causa de una inyección de ácido fénico que le administró una joven enfermera que, muchos años después, incluso testificaría en el proceso de beatificación bajo nombre falso. A ella le entregó su rosario hecho de botones y trocitos de madera implorándole que -aunque se declaraba no creyente- pidiera por el fin de la guerra.

Casi tres años más tarde moriría también el P. Januszewski. El tifus se había extendido por el campo. En uno de los barracones (conocido entre los prisioneros como "el ataúd") se amontonaban los enfermos ya moribundos. Un soldado alemán se dirigió en tono de burla a los sacerdotes detenidos, reprochándoles que hablasen de amor y diciéndoles que deberían ir a cuidar a los enfermos del tifus y poner en práctica sus teorías. El P. Januszewski, siempre callado, se levantó y se ofreció voluntario. Un cura polaco intentó detenerle. Todo era una burla macabra del soldado a la que no había que hacer caso, pero el P. Januszewski respondió: Tú sabes que no saldré vivo de allí... Moriría pocas semanas después, cuando ya los aviones americanos estaban cerca y con ellos la liberación del campo que tendría lugar el 29 de abril de 1945.

El día del Carmen del año 1942 habían coincidido en el "barracón de los curas" en Dachau y, como buenos carmelitas, habían celebrado con todo el esplendor posible (que en aquel momento era muy poco) la fiesta de la Virgen del Carmelo. Diez días más tarde moría el P. Tito y ese mismo día (26 de julio de 1942) se leyó en todas las iglesias católicas de Holanda una carta de los obispos holandeses, que había sido preparada clandestinamente, en la que se protestaba –entre otras cosas- por el trato inhumano dado a los judíos. Como represalia por la carta fueron detenidos los religiosos de origen judío (hasta entonces no habían sido incluidos en las listas de deportados). Entre ellos se encontraba Sor Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, monja carmelita descalza de origen judío, gran filósofa discípula de Husserl. Moriría poco después en un campo de exterminio, aún más horrible si cabe, en Auschwitz, en el sur de Polonia. Tres grandes figuras del Carmelo del siglo XX quedan entrelazadas en torno a esta fecha. Edith Stein fue canonizada en octubre de 1998, y es hoy Santa Teresa Benedicta de la Cruz. El P. Tito Brandsma fue beatificado en noviembre de 1983 y el P. Hilario Januszewski fue beatificado, junto a otros clérigos polacos prisioneros en Dachau, en junio de 1999. Que los tres desde el cielo velen por toda la familia carmelita que un año más se dispone también a celebrar la fiesta de Nuestra Madre del Carmen.

Fernando Millán Romeral, O. Carm.
Institutum Carmelitanum


Prisioneros del campo de concentración de Dachau reunidos para escuchar un discurso de Adolfo Hitler. En el campo habían muchos sacerdotes y religiosos, incluyendo a miembros de las Provincias Carmelitas de Holanda y Polonia.

Vista de Arial del campo de concentración de Dachau después de su liberación.


Fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo en Catania, Sicilia

Llegué a Catania al comienzo de los 15 días de preparación para la fiesta. Día tras día vi cómo crecía la multitud. Algunos se hicieron cargo de y trabajaron en la parte organizativa y estaban en continuo contacto con los sacerdotes. Todos, hombres y mujeres y también laicos, y, sobre todo miembros de la Orden Tercera, trabajaban con gran esmero para conseguir una hermosa celebración de la fiesta. Otros se estuvieron preparando espiritualmente para recibir el agua viva del contenido espiritual y doctrinal de nuestra espiritualidad que recibían de los sacerdotes por medio de la predicación, el sacramento de la reconciliación y a través de la dirección espiritual. Todos querían estar preparados espiritualmente para la fiesta de Nuestra Señora.

Hubo que insistirle a algún grupo, que quería comenzar dicha celebración de 15 días, que ésta no era sólo para un predicador sino que toda la Iglesia de Catania iba a tomar parte. Doce sacerdotes, consagrados a María, participaron activamente en la preparación. De esta manera cada día una comunidad parroquial diferente estuvo involucrada para que fuese una verdadera celebración de la Iglesia, siendo su punto culminante la participación del Arzobispo en la eucaristía de las 10 de la mañana del 16 de julio.

Con toda la preparación y el compromiso a nivel general, cuando llegó el 15 de julio todo estaba listo. La imagen de Nuestra Señora fue preparada, bellamente decorada con el escapulario, su precioso manto y muchas flores blancas. Al iniciarse la música por la banda y los cantos de las Primeras Vísperas de la solemnidad, la imagen fue entronizada en el centro del altar principal , dándose comienzo a la celebración.

El Arzobispo de la ciudad de Catania, que presidía la eucaristía, manifestó que este era un acontecimiento para toda la Iglesia. Si se me permite recordar algunas de sus palabras, dijo: "Vengo a dar gracias a Nuestra Señora del Monte Carmelo en el aniversario de mi nombramiento como obispo. Hace doce años, el 16 de julio, puse en manos de la Santísima Virgen mi ministerio pastoral."

A las 7,00 de la tarde comenzó la procesión por las calles principales de la ciudad, acompañada por una increíble multitud de personas que caminaban al lado y detrás de la imagen de la Virgen. La iglesia estaba llena no sólo en ese momento sino que había estado totalmente abarrotada todo el día de modo que no se podía andar por ella. La plaza fuera, a pesar de ser bastante grande, también esta hasta el tope de gente.

¿Cómo puedo explicar con palabras el significado de esta celebración que viví estos días y otras muchas en las que participé? Es muy difícil expresarlo con palabras. Permitidme sólo resaltar una cosa que sucedió. Hacia el final de la procesión era alrededor de medianoche pero parecía como si fuera mediodía. Los niños con sus padres, montones de jóvenes y adultos con sus ojos fijos en el rostro de la Madonna con su Hijo en los brazos... muchos ojos estaban llenos de lágrimas de emoción.

Según mi parecer, esta fiesta era una expresión muy bella de la Iglesia, además de ser un gran tiempo de oración...un niño de ocho años vino a mí y dijo: "He dicho ya 63 ‘Ave Marías’ y siete ‘Padrenuestros’"...¡Verdaderamente hermoso! ¿Quién le enseñó a este pequeño una cosa tan hermosa? ¿Quién le habría pedido que rezara? ¿Cuál fue la razón que le empujó a hacer este acto de amor? María es nuestra madre. La Madonna está cerca de nosotros. Es maravilloso saber esto.

Este gran espíritu festivo no puede dejar a estas personas indiferentes porque en todo esto las personas se confían a la Madre de Dios. Quieren que Dios venga a ser una parte de su vida diaria para que él calme sus temores, sus preocupaciones y les de alimento a sus almas, para que vea las ilusiones de sus familias y los sueños de sus hijos al empezar sus propias vidas. Estas personas ponen todos sus deseos y sus penas ante Dios y ante la Virgen de modo que lo divino presencie la realidad de sus vidas y les llene con esta nueva vida.

Ellos afrontan la simplicidad de su ser, la simplicidad del corazón humano que reza a la Madre de Dios como a su madre. Piden que María, que fue madre también, llene sus corazones con dulzura y amor, que ella sea la luz y constante ayuda en las pruebas de la vida, que sea la estrella de la mañana que les introduzca en el puerto seguro que es Cristo, su Hijo.

Fr. Wilson Castilla Acosta, O. Carm.
Provincia Italiana

Este artículo fue escrito para la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo del 2004. En la fiesta de 2005 Wilson hizo su profesión solemne como carmelita.


Carta del Prior General a las Monjas Carmelitas por la Fiesta de la Virgen del Carmen Publicada

La carta del Prior General a las monjas carmelitas con motivo de la Fiesta de Nuesta Sma. Madre del Carmen ya está publicada.

El P. Joseph Chalmers escribe sobre el significado de la muerte del Papa Juan Pablo II y sobre la elección del Card. Ratziner como pastor para todos nosotros en la Iglesia. También él escribe sobre los proyectos de las monjas en algunas partes del mundo. Él dice: "Vuestra oración y vuestra amor van más allá de los muros de vuestros monasterios y, de modo misterioso, llegan a muchas personas ...."

La carta ha sido enviada a todos los monasterios carmelitas. Se puede leer el texto en el Internet: carmelitas.info/monjas 

 



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