n. 3   julio - septiembre 2007
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Presencia carmelita en el Concilio Vaticano II

Entrevista al P. Kilian Healy, O. Carm.
Anterior Prior General y miembro del Concilio Vaticano II

Presentamos una parte de la entrevista grabada al P. Kiliano Healy que fue Prior General de la Orden desde 1959 a 1971. Como miembro votante del Concilio Vaticano II fue uno de los pocos Priores Generales de la historia de la Orden en participar en un Concilio Ecuménico de la Iglesia. En esta entrevista al P. Kiliano él reflejó su experiencia como Prior General y sus recuerdos del Concilio.

Cuando fue convocado el Concilio Vaticano II ¿qué expectativas tenía usted del mismo?

Bien, a nosotros (las Órdenes religiosas) se nos pidió hacer sugerencias para el Concilio Vaticano. Una de las sugerencias que teníamos, probablemente la más importante, era la de que debería promulgarse un documento definitivo sobre la naturaleza divina y humana de Jesucristo, en el que se dejase claro que él era humano y divino. Había una controversia en ese momento entre los teólogos sobre el modo correcto de presentar la encarnación de Jesús. Las diferentes explicaciones teológicas y filosóficas no fueron siempre claras. Algunas parecían rebajar la divinidad de Cristo.

El Siervo de Dios, P. Bartolomé Xiberta, estaba en la Curia por aquel tiempo y fue probablemente uno de los grandes teólogos del siglo pasado; sin duda, el teólogo carmelita más destacado. El P. Xiberta sugirió que pidiésemos una clara presentación de la naturaleza de Jesucristo.

Teníamos otras sugerencias, de las cuales no recuerdo ahora ninguna, pero que no eran de importancia. No hablamos de la liturgia, que parecía preocupar al Concilio, ni de otros problemas, como la libertad religiosa; no entramos en la cuestión de la libertad religiosa ni nada similar.

Pero, desafortunadamente, los Padres Conciliares no habían sacado a relucir aún ese problema (la naturaleza de Cristo) cuando vinimos al Concilio. El gran problema era la liturgia y sólo admitió que Jesucristo era el Hijo de Dios sin presentar problema. Así que la cuestión no fue tratada en absoluto, lo cual es sorprendente por una parte, pero también grato por otra porque no planteba ningún problema a los Padres Conciliares.

¿Le sorprendieron los cambios que introdujeron los documentos conciliares?

La gran sorpresa del Concilio, desde luego, fue el cambio de la liturgia, el abandono del latín por las lenguas vernáculas. Nunca pude imaginar, ni siquiera cómo ya el Concilio adelantó, que las lenguas vernáculas pudieran permitirse en la liturgia. Nunca soñé que el latín, simplemente, fuera más o menos olvidado. Desde luego no creo que los Padres Conciliares desearan realmente olvidarlo y dejarlo del todo. Pero ese es el resultado y, para mí, es la gran sorpresa.

Otra gran sorpresa fue la controversia sobre la libertad religiosa. Toda persona tiene un derecho a su propia fe- privada o pública- mientras no interfiera con el orden social del país.

¿Cómo tomó fuerza esa idea en el Concilio?

Esta fue, desde luego, la gran contribución de John Courtney Murray, teólogo americano, que luchó a favor de la libertad religiosa. Durante el Concilio hablé con él una o dos veces sobre este asunto. Me dijo que algunos de la Curia le habían prohibido venir al Concilio y que su presencia no sería bien acogida. De este modo no acudió. Pero el Cardenal Spellman intercedió a su favor y finalmente vino a Roma.

Él celebró públicamente la misa en una de las sesiones con el Santo Padre, demostrando así el Papa Pablo VI que le daba la bienvenida. Y, por lo tanto, al documento por el que había luchado y que fue aceptado de modo satisfactorio y que forma parte de la doctrina actual de la Iglesia.

Recuerdo, estando en una de las asambleas teológicas de América y sentado al lado de algunos de los más famosos teólogos de América, cuyos nombres no quiero mencionar, cómo ellos se oponían con fuerza a todo lo que él decía sobre la libertad religiosa.

Este mismo sacerdote me dijo: "El error no tiene derechos. La gente quiere derechos para predicar una doctrina falsa y no hay tal cosa. El error no tiene derechos. La mentira no tiene derechos."

¡Puedo recordar eso! Los hombres que hablaban y pensaban de ese modo eran algunos de los teólogos más conocidos de aquel tiempo. Sintieron horror cuando el Concilio sacó a relucir esta doctrina de la libertad religiosa. Sin embargo, después de ser aprobada por el Concilio, se quedaron tranquilos.

Sin embargo, fue una gran sorpresa para mí la propuesta de la libertad religiosa para todas las personas. No obstante, fue algo bueno, algo excelente.

¿Qué le parece el impulso que el Concilio dio al ecumenismo?

Después se trató el ecumenismo en el Concilio. Para mí era maravilloso también que el Concilio llegara a otras creencias y orara y pidiera por la unidad de todos los cristianos, que hay unidad de fe y unidad de amor.

He pensado sobre esto desde entonces y estoy convencido de que antes de tener unidad de fe, necesitamos unidad en el amor. Tenemos que amarnos los unos a los otros y demostrar el amor en nuestras vidas diarias con aquellos que no están unidos a nosotros. La primera cosa es la unidad en el amor. Tenemos que demostrar amor y respecto hacia ellos. Una vez que haya amor y respeto, entonces tú puedes sentarte y hablar. Tienes que poder sentarte y hablar.

¿Cómo era la representación de la Orden en aquellos días?

Bien...Yo era parte del Concilio y estaba completamente...bien, estaba...qué diría yo...estaba aturdido por todas las cosas. Estaba en silencio. Me sentía muy indigno y sorprendido por lo que se hacía en el Concilio. No me sentía a la altura de algunos de los grandes Cardenales y obispos del Concilio. Me sentía sencillamente abrumado por todas las cosas. No lo llamaría humildad, sino sentirme abrumado por estar allí con personas tan sumamente importantes. Esto, probablemente, me hizo callar y (risas entre dientes) me bajó los humos.

Usted, por supuesto, nunca pensó que formaría parte de tal acontecimiento en aquel momento de la vida de la Iglesia. ¿Qué supuso para usted personalmente?

No. Cuando fui elegido Prior General en 1958 el Concilio no había empezado. En ese mismo año fue elegido el Papa Juan XXIII y, poco tiempo después de su elección, anunció que habría un Concilio por los años 60. Después supe que formaría parte del Concilio.

No sé cómo podría haber estado mejor preparado pero, como Prior General, tenía que continuar velando por la Orden y visitando a todas las Provincias y tomando parte en todos los Capítulos... lo cual hice. No podía dedicar toda mi atención al Concilio por varios motivos. Pero le presté toda la atención que me fue posible.

Hubo varios carmelitas en el Concilio. ¿Cuál de ellos tuvo algún impacto?

Hay un carmelita en el Concilio que, a mi entender, jugó un papel muy importante. Era el obispo Monseñor Lamont, obispo de Umtali, Rodesia, que ahora es Zimbabwe y la diócesis se llama ahora Mutare. Cuando salió el tema Ad Gentes, documento sobre la vida misionera, él tomó parte activa y habló elocuentemente sobre su importancia. Cuando salió el primer documento se quejó de que era muy inadecuado. Expresó que era como huesos sin carne y citó a Ezequiel, el profeta, con mucha fuerza.

El documento fue devuelto y examinado de nuevo. El resultado fue una excelente doctrina sobre las misiones de la Iglesia. Creo que el obispo Lamont tuvo una parte activa en producir un documento mejor.

¿Qué otros carmelitas estuvieron presentes en el Concilio?

El Siervo de Dios, P. Bartolomé Xiberta, estuvo en la Comisión de Teología. Como miembro de esa comisión, tuvo un papel en la presentación del documento original. La importancia de su papel la desconozco. Él mismo nunca lo dijo. Pero tomó parte en las dos primeras sesiones, después enfermó sufriendo un derrame cerebral y, por supuesto, no estuvo en las dos últimas sesiones del Concilio. Es el único carmelita que estuvo en la Comisión de Teología.

¿Cuál es su recuerdo preferido del Concilio?

(Pausa larga) Realmente no tengo ningún recuerdo especial del Concilio.

No hubo decepción. Me alegré por el lugar que el Concilio le dio a la Bienaventurada Virgen María.

¿No tuvo ninguna decepción entonces?

No. No tuve decepción alguna. Mi mayor sorpresa fue las lenguas vernáculas en la liturgia. Creo que muchos otros se sintieron sorprendidos también por ese resultado final. Creo que fue algo estupendo.

Y, desde luego, los documentos sobre la libertad religiosa y el ecumenismo me agradaron muchísimo.


La Basilica de San Pedro, Vaticano.

Kilian Healy, O. Carm. en Aylesford.

El 21º Concilio Ecuménico de la Iglesia, Concilio Vaticano II.

Los participantes carmelitas en el 21º Concilio Ecuménico de la Iglesia, Concilio Vaticano II, fotografiados el 23 de octubre de 1962, 12 días después de la apertura del Concilio. Fila de atrás (de izquierda a derecha): P. Bartholomaeus M. Xiberta (Cat), Obispo Redemptus Gauci (Mel), Obispo Raymond Lui (Flum), Obispo Nevin Hayes (PCM). Fila de delante (de izquierda a derecha): Obispo Gabriel Bueno Couto (Flum), Obispo Avertanus Albers (Indo), P. Kilian Healy (Prior General), Obispo Telesphorus Cioli (Ita), Raymond Lamont (Hib-Z).


Una pequeña selección audio de esta entrevista:

   1) Carmelite expectations of the Second Vatican Council: IC_B_001.wav
   2) The biggest surprise of the Council: IC_B_004.wav
   3) The religious liberty controversy at the Council: IC_B_007.wav
   4) The influence of Bishop Donal Lamont at the Second Vatican Council: IC_B_008.wav



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