FOCUS: GLOBALIZACIÓN
N. 2     marzo - abril 2002


NO CULPES LA GLOBALIZACIÓN POR
PROBLEMAS MORALES
Entrevista con el Presidente del Instituto ACTON Robert Sirico

La globalización tiene sus partidarios y sus detractores. Muchos defensores de la economía de libre mercado ven la globalización como un tipo de panacea para extender las oportunidades de incrementar a nivel mundial la riqueza, el empleo y la libertad.

Otros, sin embargo, la ven como expresión de un sistema injusto que favorece a los ricos y margina a los pobres, distorsiona las  políticas de apoyo social y destruye las culturas locales. Para examinar tales temas, ZENIT entrevistó al P. Robert Sirico, presidente del Instituto Acton con sede en Michigan.

Según P. Sirico existen muchas cosas acerca de la cultura occidental que son dignas de ser criticadas: la denigración – en los medios de comunicación – de la sexualidad humana, especialmente de las mujeres; la confusión entre ‘tener’ y ‘ser’; una noción exagerada de los derechos junto con un sentido decreciente de la responsabilidad social.

«Pero — según el P. Sirico — el problema con la gente de la ‘no-globalización’ es que su crítica equipara estas deficiencias morales y culturales con el sistema internacional de libre mercado. Yo no estoy convencido de que el mercado cree cultura tanto cuanto refleja y, quizás, amplía la cultura.»

«El proceso de libre mercado es un proceso en el que los valores que la gente tiene reciben expresión en la forma de los bienes que son requeridos y de los servicios que son suministrados. En una gran medida, la cultura y los valores están ya en acto y determinan lo que es comprado y vendido. Por lo tanto la formación virtuosa de una cultura, como puede ser la resistencia al consumismo, es mucho más una empresa moral que económica, y necesita ser modificada en ese nivel.»

«Los beneficios del proceso de globalización son numerosos. La extensión de la división del trabajo produce la reducción de los costes de aquellas cosas de las que la gente depende para su bienestar. Ello permite a las regiones más pobres del mundo participar más plenamente en lo que el Santo Padre llama ‘círculo de intercambio’, construyendo una infraestructura de empresa dentro de sus propios países, y haciendo así que estos pueblos dependan menos, para su bienestar y progreso económico, de los dirigentes políticos dentro de sus propias naciones, y de influencias políticas extranjeras. Mientras tanto fomenta la interdependencia entre la gente mercantil en diferentes partes del mundo, tendiendo a una concientización cultural creciente por medio de la interacción con gente de diferentes naciones que negocian entre sí.»

A veces se piensa exageradamente sobre la influencia que un mercado puede tener. Según el P. Sirico «es errada la expectativa de que una economía libre facilitará la formación cultural y moral necesaria para una comunidad digna de la persona humana. Esa no es la función del mercado. Tanto los críticos como los partidarios de un proceso internacional de libre intercambio necesitan entender esto claramente. Como ha señalado un teólogo: ‘el mercado mostrará todos los defectos y fracasos que la gente manifiesta porque eso es, en esencia, lo que un mercado es.’»

El P. Sirico descarta la posición de los activistas de la antiglobalización de que la división entre ricos y pobres está creciendo y que los ricos siempre ‘engordan’ a expensas de los pobres.

Para el P. Sirico, «eso es una afirmación popular pero la evidencia simplemente no lo sostiene.», y explica que «lo cierto es que la economía de mercado es el único modo conocido de desarrollo económico. No es sólo para los ricos sino para todos. Sin mercados, todas las sociedades se reducirán rápidamente a un estado de barbarie. En aquellos lugares del mundo donde existe un estado de barbarie, uno encuentra, sin sorpresa, que los  mercados están fuertemente restringidos. El sistema de mercado no es un sustituto del sector benéfico, pero el sector benéfico nunca ha encontrado un benefactor mayor que los sistemas liberales de cambio económico y empresarial.»

«Estudios como el de David Dollar del Banco Mundial, han mostrado un relación directa entre el comercio, el crecimiento económico y el aumento del nivel de vida de los pobres y de todas las clases sociales. Esos estudios confirman que los países que reducen las tarifas, las tasas, protegen la propiedad privada y ponen sus casas financieras en orden, atraen inversión extranjera y generan un mercado de exportación más vibrante.»

Dirá el P. Sirico que «este crecimiento económico interno que, a su vez, produce ingresos para el pobre, crea así una  clase media en el mundo en vías de desarrollo. Es verdad que el mercado ayuda también a los países ricos. Está en la misma natura del intercambio que ambas partes se benefician. Pero esto no significa que el beneficio del primero es a expensas del segundo.»

Se ha afirmado a menudo que el desarrollo económico está asociado directamente con la degradación del medio  ambiente, generando una visión negativa de la humanidad. Según el P. Sirico la verdad es exactamente lo contrario. «Cuando consideramos el desarrollo de las naciones, comprobamos que su medio ambiente está más limpio y por buenas razones. Tales naciones poseen los recursos destinados a la limpieza de su medio ambiente. Por tanto si uno desea un entorno limpio y habitable, una condición previa es el desarrollo económico.»

El P. Sirico piensa que la visión negativa de la humanidad procede de la presuposición de las economías socialistas que sostiene que la economía es estática y en perpetua necesidad de redistribución. «En este concepto antropológico, toda persona nueva es vista como una amenaza para el bienestar de la totalidad. Por esto los socialistas y los que están contra la natalidad están fuertemente alineados con el movimiento antiglobalización. La antropología cristiana, por otra  parte, cree que ‘la humanidad es el recurso más grande de la humanidad’. Soluciones a los verdaderos problemas medioambientales deben ser encontradas en un sistema que permita al ingenio humano descubrir un uso más eficiente de los recursos. Un sistema de libre-precio y la protección de la propiedad privada lo logrará en un grado mucho mayor y con una paz más rápida que los gobiernos burócratas.»

«La palabra ‘liberal’ tiene como raíz ‘libertad’ que goza de gran resonancia en el cristianismo. Uno puede decir que la idea liberal, correctamente entendida, desciende del cristianismo. Con la Ilustración se produjo cierta distorsión de esa noción del valor de la persona humana, situando a la persona, no sólo como el ápice de la creación — como afirma el libro del Génesis — sino contra Dios, haciendo a la humanidad el arbitro final de la verdad y de la bondad, en vez de la creación que emplea la inteligencia para descubrir la verdad que ha sido revelada al mundo, tanto en la naturaleza como a través de la revelación divina.»

«Lord Action lo expresó bien cuando dijo que la libertad a la que nos referimos no es la libertad de hacer lo que queremos, sino la libertad de hacer lo que debemos. Esta es una aproximación auténticamente católica a la idea liberal.»

(de Zenit News, 28-febrero-2002)

 
     

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